Caminando de noche por una antigua calle de Hermosillo.



 Esta calle, por donde voy caminando, es una foto que tomé el verano de 2017. Hace 165 años, el Conde Gastón Rousset de Boulbón, quien se hizo llamar "Apóstol de la Libertad de Sonora", tomó la Ciudad de Hermosillo con doscientos soldados franceses; en ese mismo año de 1852 falleció el entonces Presidente Municipal don Manuel Escalante y Mazón, quien solicitó  que lo sepultaran en el panteón de la iglesia parroquial (hoy Catedral) en una buena bóveda.  En aquellos años, esta calle empezaba a despuntar como una de las principales arterias de la Ciudad de los Naranjos, aunque era pequeña y todo se hacía a pie. 


Por Alberto Pérez Nájera




Constantemente se veían pasar las diligencias de 4 y 6 caballos procedentes de Guaymas cargadas de pasajeros y mercancias europeas, sus dueños eran los señores Bernardo Lacarra, Mateo Uruchurtu y Dionisio Aguilar. También se veían transitar de vez en cuando, las carretas tiradas por tres ó cuatro mulas cargadas de abundantes provisiones para transportarlas a la próspera "Hacienda San Francisco de la Costa Rica", que forjaron con sudor y sangre los Hermanos don Pascual y don Ignacio María Encinas, en lo que hoy es la Costa de Hermosillo. 





Además, los hermanos don Pascual y don Manuel Iñigo, comerciantes y hombres de negocios más poderosos de la ciudad, no se quedaban atrás con sus diligencias y trenes de carga que hacían su largo recorrido desde Hermosillo a Nuevo México, con estos recursos don Pascual empieza a principios de 1840, a levantar los cimientos de la Capilla del Carmen hasta su torre y cúpula, inaugurada en 1842 para su esposa María Magdalena de la Trinidad Hugues de Anza, que desde 1836 la Mitra le había concedido el permiso para su construcción, justamente a un lado de lo que por muchos años se conoció como Plazuela de Íñigo.   

   Así que, carretas, carruajes, berlinas, y jinetes que transitaban por esta antigua calle, se perdían en grandes nubes de polvo y los caminantes que mordían la polvareda, se sacudían la tierra de sus sombreros, pantalones y zapatos, que algunos compraban en el Parían Viejo ó en la Casa de Comercio de don Manuel Yñigo y Cía. quizás la primera casa de dos pisos en Hermosillo construida en 1830, sobre la calle Lerdo en la esquina de Sufragio Efectivo, frente a la Placita Hidalgo.  

   Como les narraba al principio de este escrito, seguramente, a mediados de octubre del año de 1852, el Conde Rousset un hombre alto, de buen porte y calculador, también camino por estas calles oscuras, envuelto en un sarape, atrayendo las miradas de los curiosos hermosillenses.

   Por las noches, esta calle del viejo Barrio "El Parían" anteriormente Barrio Las Sabanillas, por poco tiempo.     

   Esta antigua barriada, estaba iluminado con arcaicos faroles de aceite, la gente de mi tierra empezó a nombrarla calle del Parían Viejo ó los Astiazarán, esta última comenzaba desde la Álvarez y terminaba en la Yáñez, para después bautizarla como calle del Estanco.

   Treinta y un año después, el Ing. Francisco Dable, presento el primer plano urbano de la ciudad al municipio en 1883, entonces esta vía cambio a calle Tampico, que era de tierra suelta sin banquetas, aún no existían las calles de piedra y cuando llovía "Dios nos agarre confesados", la Ciudad de Los Naranjos se convertía en grandes lodazales, por este pasadizo con escasos árboles y poca luz, se encontraban algunos bebederos de madera y amarraderos para los caballos. 

   La calle Tampico actualmente Obregón, recibe este nombre después del asesinato de Obregón en el Restaurante La Bombilla, de San Ángel en 1928, esta vía era un entronque de pequeños ramales como la calle de los Astiazaranes, Juan Álvarez y Estanco junto con la del Datilito que posteriormente se llamo Porfirio Díaz, luego Vázquez Gómez y en 1914 en la Presidencia Municipal de don Juan B. León la calle es llamada como hoy Garmendia, y por fin se hicieron las aceras y banquetas con piedra laja, donde tantas mujeres dejaron sus tacones en las pequeñas hendiduras y le dieron más chamba a los zapateros de antes.

   Por esta Calle del Estanco, en 1852, donde vivía Don Juan Salazar dueño del "Teatro El Coliseo", imperaba la oscuridad, daba miedo...que digo miedo...daba pánico, horror, caminar de noche, era como la boca del lobo, de lo negro que estaba la calle, tejiéndose muchas historias y leyendas de espantos, cuando a los habitantes de la ciudad que transitaban por aquí, se les iba la tripa del susto, entonces a los brujos y curanderos del Mariachi y el Ranchito, no se la acababan con tanta gente enferma de susto. Los curanderos llamados "jito-orione" eran sobadores de sustos "jumee-gomtiriam", cuano el paciente no era atendido a tiempo, ya no se podía aliviar, decían que estaba pasmado de susto, y los curaban con plantas medicinales que preparaba en polvo el sobador "jumee-gomtiriam" lo sobaba y le ponía polvo en la cabeza para aliviarlo pronto. 

   En esta época que aun era de la  Colonia, casi no había doctores y las boticas no eran negocio, y la primera botica de Hermosillo, se encontraba en 1841 a un costado de la Plaza de Armas, su dueño era el señor Guillermo M. Keith,  así que los enfermos no le tenían confianza a los galenos, y terminaban por llevarlos con los curanderos y yerberos. 

   Todavía por los años de 1930, a esta Plazita Hidalgo le seguían llamando "El Coludo", por lo oscuro, y los enfermos de susto, seguían visitando a los curanderos "jito-orione".

   En este tétrico lugar del Parían Viejo, a don Juan Salazar, por las noches, a través de su ventana, se le veía encender con cerillas tipo durmientes, las lámparas de cristal o porcelana y candeleros con varios brazos que alumbraban su casa. En este mismo lugar, conocido como "La Plazuela del Parián Viejo", existían unas casuchas ruinosas de poca monta, mientras las demás casas encendían sus lámparas de aceite con fósforos chinos que costaban 3 cvs el macito, muy tóxicos, de mal olor y fáciles de provocar un incendio. 

   Como les conté al principio de esta crónica, hace 165 años en esta calle oscura, algunos muchachos de Hermosillo, se propusieron dar funciones dramáticas, con el fin de reunir $2,000 para construir un teatro céntrico en la población. 

   Este proyecto particular se les presentó al Presidente Municipal don Florencio Monteverde y al Secretario Francisco Velasco hijo en 1852, quienes quedaron encantados con la idea del grupo de jóvenes. Por aquellos lejanos años, las diversiones teatrales se hacían en los corrales grandes de las casas, improvisando un mal escenario. 

   También se hacían las diversiones en un solar propiedad de doña Santos Rodríguez de Escalante, que estaba en el Callejón del Río y el hoy Boulevard Vildósola, que conducía al Pueblo de Seris el cual se aprovechaba para las representaciones de comedia, de circo, zarzuela, comedia, drama y títeres; después, este terreno se vendió a don José María Portillo, y los titiriteros daban su función en la Plaza Hidalgo.

   Los húngaros atraían la atención de mujeres y niños; salían de sus pintarrajeados carros, llevando a un oso por las calles de Hermosillo con pandereta en mano, haciendo bailar al animal. Las gitanas leían después la suerte en las manos de los hermosillenses, que creían en esas mujeres vestidas con largos vestidos de colores chillantes, y salían bolseados o robados.

   Entonces, en ese año de 1852, don Juan Salazar, por su cuenta, presentó un plano y es tal como se vio el teatro en su parte interior, construyendo en La Plazuela del "Parían Viejo", El Coliseo que tenía en mente. 

    Por fin, el 4 de abril de 1854, se inauguró el teatro de Hermosillo, con el nombre de "Teatro de Calderón", aún no concluido en su exterior, pero sí terminado en su interior [foro, platea, palco y galería superior, el escenario cuenta con un ancho arco y piso de madera] estaba listo para recibir al público hermosillense. 

   Por su aspecto este teatro fue llamado popularmente "El Coliseo", y era imponente con su dos pisos, fuertes vigas de palo fierro con grandes paredes de cajón hechas de adobe. Su gran techo fue construido en 1903. La mente brillante del Ing. Stonell creó los planos de la magna obra y Parece ser que en 1901 se intento remodelar el teatro, quien trazo el Plano del teatro en Hermosillo fue el Arquitecto Willis Polk, obra que no se concreto.

   Se cuenta que años más tarde dicho teatro fue propiedad de don Ambrosio Noriega; se lo había comprado en 1859 a don Juan Salazar por la suma de $1,999.00; a partir de ese año, se empezó a llamar "Teatro Noriega". 

   Después, el teatro se lo heredó a su hijo Francisco, quien murió en 1869; luego, pasó a manos de Esperancita G. Noriega, quien era su hija menor y murió en los años cuarentas, haciéndose cargo del negocio la familia Noriega Beraud. 

   Para 1882, el teatro estaba casi en ruinas, por lo que se le hicieron importantes mejoras en su interior y su fachada fue iluminada con lámparas colgantes Tiffany, compradas en Nueva York por un representante de la familia Noriega.

   Cuando se presentó La Compañía de Opera Italiana de Angela Peralta, el “Ruiseñor Mexicano”, un domingo 8 de julio de 1883, a las 8:30 en punto, se puso en escena la sublime partitura del maestro Bellini, en tres actos, titulada: "Sonámbula” y cantó el magnífico vals la Sra. Peralta, titulado Loin de Toi. El público hermosillense aplaudió hasta el cansancio de tanta emoción. Días después, la diva Ángela Peralta murió víctima de la fiebre amarilla, en el puerto de Mazatlán, Sinaloa. 

   En sus últimos años, hasta la década de los sesentas este teatro funcionó como Cine Noriega. Al ser derribado, fue convertido en un simple estacionamiento.


 Muchas gracias por leerme, nos vemos en el siguiente artículo de la desnaranjada ciudad de Hermosillo.


 

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